Visita nuestra web. Todo más ordenadito, mejor.

23 de junio de 2017

Vocabulario Fundamental. Animales (52) Luz en la Tierra


Es en los documentales de David Attenborough cuando el Juez Roy Bean más se aberra del doblaje en la televisión pública española, más aún en el género documental. Al menos tenemos su bonhomía y su eterna mirada emocionada ante las maravillas naturales de nuestro planeta.

En esta ocasión viaja por el mundo en otro impactante documental de la BBC sobre la bioluminiscencia, los increíbles seres lumínicos que pueblan distintos ecosistemas naturales. Maravillosa luz en la Tierra que debido a la presión humana cada vez luce menos. Disfrutemos de su existencia a través de los ojos y el corazón del indispensable David. Life that glows.




En el mar y en tierra firme, seres vivos de muchas clases han desarrollado la capacidad de emitir luz de formas extraordinarias. Con las cámaras y tecnologías más avanzadas, estamos empezando a conocer la vida de los seres luminosos. Los seres luminosos, criaturas con su propia luz interior, nos encantan y nos asombran.


Cualquiera que haya visto una luciérnaga o un gusano resplandeciente no puede dejar de caer bajo su hechizo. El mar en la noche brilla, como millones de plancton luminosos revelan las formas de los delfines, peces y ballenas en un espectáculo de luz verdaderamente espectacular y mágico. Pero, ¿Por qué los animales producen luz propia?

Durante siglos, sólo hemos podido maravillarnos con el misterio de la bioluminiscencia, ahora en cambio podemos comenzar a revelar la increíble verdad acerca de las criaturas vivientes con luces. Sir David Attenborough es nuestro guía mientras nos aventuramos en un mundo que describe como "completamente diferente a la nuestro".

Un mundo mejor es posible (42) El barco de los cirujanos


Introducción

Darle al interruptor y que se encienda la luz. Abrir el grifo y que salga agua. Llegar a casa en invierno después de un duro día de trabajo y darnos una ducha caliente. Estar enfermos e ir al médico... Dicho así, suena todo normal, tan normal como nos resulta acceder a ello, pero ¿Qué pasaría si no fuese todo tan sencillo?

Hablemos, por ejemplo, de la salud. Ante una dolencia o enfermedad no perderíamos tiempo y con un tratamiento adecuado podríamos mejorar rápidamente. Un privilegio al que no todos, lamentablemente, pueden acceder. Pero ahí están ellos, un grupo de personas que nos hacen recuperar la esperanza en la raza humana. 

'El barco de los cirujanos'

Hoy presentamos 'El barco de los cirujanos' (The surgery ship - Madeleine Hetherton, 2013) un documental tan duro como necesario sobre el Africa Mercy, 'El barco de los cirujanos', que lleva más de veinte años recorriendo distintos países de la costa africana realizando intervenciones médicas gratuitas. 

Es el hospital flotante más grande del mundo, donde voluntarios sanitarios de más de cuarenta países, se embarcan durante meses para salvar a cientos de pacientes desahuciados. A él llegan casos terribles que en muchos casos se han producido por enfermedades o lesiones que si se hubieran tratado en su debido momento no se habrían complicado tanto para quienes las padecen. Grandes tumores, deformaciones congénitas, heridas de guerra, son algunas de las patologías que los cirujanos abordan en los cuatro quirófanos instalados en el barco, financiado exclusivamente a través de donaciones.


Personal sanitario voluntario que dejan todo en su tierra de origen y se embarcan durante un año, en esta ocasión en Guinea, donde diagnosticarán a más de tres mil personas y operarán con éxito a otras tantas. 

"Pensé, esto es lo que quiero, salvar vidas y cambiar el mundo", afirma orgullosa una doctora australiana en 'El barco de los cirujanos', que posee su propia página web www.nde.ong www.mercyships.org

"Cuando te encuentras en este entorno, la necesidad de ayudar resulta embriagadora y una vez que empiezas, no puedes parar", dice satisfecho otro de los cirujanos en este altruista documental.

Tratan muchas enfermedades existentes en Occidente, pero que en los países africanos no reciben atención médica adecuada y en muchas ocasiones terminan siendo letales. "No teníamos dinero, no le podíamos llevar al hospital. La primera vez que pisó un hospital fue cuando llegó el barco", cuenta agradecido el padre de una niña con un enorme tumor en la cara.

"Es una sensación única, cuando le entregas una tarjeta que dice: ven a vernos, te hacemos una cirugía gratis y tu vida cambiará para siempre", dice otra de las cirujanas, que trabajan en el barco de la entrega, la generosidad y la disponibilidad.

15 de junio de 2017

Campanadas de la Historia (64) 15 de junio de 1977: Cuando volvimos a votar


Hace 40 años los españoles votaron después de cuatro décadas de cruel dictadura fascista. Pero no nos equivoquemos, no era la primera vez que lo hacíamos. Esta foto de abajo es mismamente de Eibar, en 1933, durante la II República. Luego ya sí, el 15 de junio de 1977, la democracia se volvía a manifestar en las urnas, aunque muchas cosas no fueron como nos dijeron. Los descendientes de la dictadura franquista nunca dejaron de ambicionar lo que consideraban suyo por derecho divino. Y ahí les tenemos, gobernándonos y mintiéndonos, cada día. En cuatro décadas hemos avanzado pero no como nos dicen. 


14 de junio de 2017

Ciclo de cine europeo (39) Vocabulario Fundamental. Odio (7) La Haine: el odio según Mathieu Kassovitz


"Esta la historia de un hombre que cae de un edificio de 50 pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío, no para de decirse: hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien..."

Así comienza la película que hoy publicamos en otra entrada de nuestro ciclo de cine europeo así como otro post de nuestro vocabulario fundamental sobre el odio. En 1995 el director y actor francés Mathieu Kassovitz mostraba la guerra de clases en las banlieues (barrios periféricos) parisinas con una película poderosa y despiadada que sacudió las conciencias de la acomodada sociedad francesa, que ignoraba sistemáticamente las demandas de sus ciudadanos más desfavorecidos.

Kassovitz y el excelente elenco de actores de este film  (entre ellos el siempre brillante Vincent Cassel en el papel del siempre irascible Vinz) mostraban un desolador retrato de los suburbios urbanos de los 90’ pero bien podría describir la realidad actual, a la que habría que añadir el siniestro componente del terrorismo yihadista, tan presente en nuestros días y que por aquel entonces aún no se había manifestado. Los conflictos sociales, la desigualdad, el paro y la falta de oportunidades, todos ellos son los vectores que alimentan el odio y la rabia latentes que llevan décadas germinando y que convulsionan la sociedad gala en estallidos de violencia cada vez más frecuentes.

'La Haine' relata 19 horas desesperadas en la vida de tres amigos en un deprimida banlieu a las afueras de Paris. Vinz, Saïd y Hubert, un judío, un negro y un árabe que, enfrentados a una vida sin futuro, poco más tienen que hacer que vagabundear por su barrio, malgastando las horas de sus días, rumiando su frustración, mostrando su hostilidad contra todo el que se cruza en su camino.

Tras una revuelta popular que desemboca en enfrentamientos con la policía y que dejado el barrio y sus corazones envueltos en llamas, Abdel, un buen amigo suyo, ha sufrido una fuerte paliza de la policía y está en coma. Vinz, que ha encontrado una pistola perdida tirada en el suelo, quiere venganza. Mientras tanto, Hubert no para de decir que "la haine attire la haine!", el odio lleva al odio...

Tanta vigencia sigue teniendo esta película (ya un clásico indiscutible del cine francés), que en 2005 a los diez años de su primera proyección, se presentó el documental 'Les dix ans de La Haine' (Los diez años de El Odio) dirigido por Benjamin Geffroy. Centrado en entrevistas al director, productor y actores de la película que retrataban el inquietante contexto social que se vivía en Francia una década antes y cómo pensaron mostrarlo en la película, así como las dificultades del rodaje y cómo consiguieron superarlas. Aquí mismo se lo ofrecemos:



En 2015 y quizá espoleado por los atentados en la revista Charlie Hebdo, Kassovitz mostró su deseo de rodar una secuela de este film; suponemos que todo lo que ha sucedido después no habrá hecho más que reafirmarle en su idea. Porque entonces como ahora, en la sociedad francesa sigue existiendo una tensa realidad que avisa que 'hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien... pero lo importante no es la caída, sino el aterrizaje'. Y quién sabe cuán lejos, o no, estemos de tocar fondo. Aquí tienen, 'La Haine', disfrutenla. 

12 de junio de 2017

El Crackómetro (44) Rafa Nadal: Vive deprisa, muere despacio

Rafa Nadal: Vive deprisa, muere despacio

El tenista nunca había arrasado así un torneo de Grand Slam. Quemó a Wawrinka, hizo arder la pista bajo un rosario de golpes

Manuel Jabois El País 12 jun 2017

El tenis es un deporte de espasmos. Tan sometido a desequilibrios internos que cualquier desajuste en un golpeo provoca la derrota en un partido, la caída en desgracia en la clasificación o, directamente, la retirada y una vida de penitencia. A veces uno tira la raqueta al suelo, la rompe y al recogerla recoge su vida. También puede aburrir. Esto no suele confesarse, pero paradójicamente en ese deporte de sobresaltos hay una rutina tan formidable, una mecánica tan exigente, que a veces uno se desenamora de la raqueta o la asocia, como le ocurría a André Agassi, a un infierno y una vida de privaciones: golpea la pelota como si golpease al padre. Además comparte con el resto de deportes, individuales y colectivos, una característica que puede pasar inadvertida, pero que conviene recordar: se pierde casi siempre.


¿Por qué seguir? Pregunta y respuesta fueron planteadas en la pista central de Roland Garros. Por el mismo tenista de siempre, el caníbal de la tierra batida que no sólo ganó París, ni sólo lo hizo por décima vez, sino que mantuvo a los 31 años una marca extraterrestre: dos derrotas en toda su vida en la tierra prometida. Así que en el tenis no se pierde casi siempre: no Nadal y no en arcilla. Al ataque, con palos como el que arrodilló a Wawrinka en el 4-2 del segundo set, un golpe plano que sacó de la infancia, cuando se ejecuta todo lo que se sueña, o a la defensiva, erosionando a sus rivales hasta convertirlos en una montaña de polvo.



Que es humano lo confirman sus lesiones, meses de zozobra y la caída en el ranking. Lo que le distingue de otros humanos no es que él haya regresado de un lugar del cual es imposible volver, sino que lo haya hecho mejor que antes. Que haya quebrado de una forma tan escandalosa la normalidad de una carrera que lo levantó a la cima a los 19 años y lo ha depositado en el mismo lugar 12 años después, cuando se habían empezado a encargar las coronas de flores más fastuosas y se repetía la cantinela del "mejor deportista español de la historia" como si hubiesen pasado veinte años de su retirada. El tenis no era eso antes que él y Roger Federer. 


Si la reinvención de Nadal tenía un problema, está solucionado. Cuando caes después de ganarlo todo, solo merece la pena volver a subir por las vistas. Pero en Francia demostró que está para cualquier cosa menos para mirar el paisaje: el paisaje es él. Nunca había arrasado así un torneo de Grand Slam. Quemó a Wawrinka, hizo arder la pista bajo un rosario de golpes que sonaban como clavos en la madera de los que le querían enterrar, y su sombra se volvió a levantar en el skyline de París con la misma familiaridad que la Torre Eiffel, el mismo hierro, los mismos años.

3 de junio de 2017

El Crackómetro (43) Pax Madridista

Pax Madridista


Cada uno es muy libre de desgarrarse la camisa cuando le venga en gana, pero la Duodécima no es un triunfo desgarrador. Es una victoria absoluta, aplanadora, bien masticada. En las finales contra el Atlético existía el miedo a la burla y al ‘sorpasso’. En las finales anteriores se sentía el miedo de no volver pronto, que en la Séptima fue el terror a no volver nunca. En Cardiff no hubo temores confesados o inconfesables. La inquietud de muchos aficionados era un nerviosismo de carácter supersticioso, en ningún caso real. Los jugadores ni siquiera se tomaron el esfuerzo de disimular. La conquista fue razonada y el marcador descriptivo. La desolación de la Juventus tampoco fue desgarradora. Si acaso un par de lágrimas que se resistieron a salir, y no por perder lo que se pudo ganar, sino por el camino en balde, por la ilusión gastada, por la ‘porca miseria’.


Vajilla modelo Real Madrid

Cada uno es muy libre de remojarse en las fuentes que le plazca, hace buena noche, pero la Duodécima es una Copa para el baño con espuma y las velas aromáticas. La victoria confirma el dominio de un equipo que no ha ganado por tener mejores espíritus, sino mejores futbolistas. Esta vez, la historia no tiene nada que ver, ni el escudo, ni la leyenda. Sólo el fútbol. Esto no es un asalto a un castillo, es la consolidación de la Pax Romana.

Cada uno es muy libre de invocar a la gloria o de agotar los adjetivos de las grandes ocasiones, pero la final no fue eso. La Juventus igualó el pronóstico y nos llevó al descanso con algunas dudas. Esa fue su medalla. Sin embargo, la incertidumbre que todavía cala en los seguidores más veteranos no alcanza a los futbolistas de un equipo que se sabe superior, capaz de recuperar cada metro perdido y cada gol en contra. No fue épico, porque la épica mete la supervivencia en la ecuación y aquí no vimos peligrar el cuello. El Madrid nunca se planteó mancharse las manos de sangre, sólo de grasa.

Cada uno es muy libre de fundirse el claxon o el hígado, pero unos y otros deberían pensar que el año que viene puede repetirse la fiesta, y que cada vez cuesta más recuperarse de las celebraciones sin límite. Cuiden sus cuerpos, porque el equipo tiene recorrido para estirar su gloria tres años más, y no debe ser casualidad que el doblete de Cristiano fuera culminado por el tanto de Asensio. Cuidemos a Zidane porque la huella que se le discute en el campo no se le puede negar en el vestuario. Aun antes que los equipos, ganan los grupos.

Cada uno es muy libre de beberse la fiesta como prefiera, pero yo recomiendo saborear la noche. Respirar tranquilo, abrazarse fuerte, follar lento y dosificarse, porque vendrán más.