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3 de diciembre de 2016

Globalización, capitalismo y otros resortes de poder (58) 'Diez mil millones', la superpoblación mundial según Stephen Emmott

"Si alguien nos dijera que el 3 de junio de 2080 un meteorito va a chocar contra La Tierra y que se prevé que su impacto acabe con el 70% de la vida del planeta o que su choque implicará el fin de esta civilización tal y como la conocemos, estoy convencido que darías por hecho una movilización planetaria sin precedentes que aunara los recursos de universidades, gobiernos, industria, etc. con el fin de acabar con esa amenaza. Estaríamos preocupados, pero solo más o menos, ya que todo el mundo se pondría manos a la obra para afrontar y eliminar la amenaza. Pues bien, la situación no es cierta (al menos que se sepa) pero las consecuencias de las que hablo sí, y bastante. Sin asteroide, tranquilos. En este caso, la amenaza somos nosotros mismos, el ser humano, su crecimiento y la sobrepoblación del planeta en su actual contexto. Lo más preocupante es que, a pesar de conocerse la amenaza, nadie hasta ahora se ha planteado solución alguna… y peor aún, que tampoco se prevé que nadie tome cartas en el asunto a corto o medio plazo. Y para el largo plazo, suponiendo que alguien se tomara en serio este silencioso ultimátum, la cosa pinta irremediable." Stephen Emmott (catedrático y científico- Reino Unido)


Hace 10 años, el profesor Stephen Emmott formó un equipo interdisciplinar de científicos de todo el mundo con la misión de predecir el futuro de la vida en la Tierra y estudiar qué retos tendría que afrontar la humanidad en las próximas décadas para sobrevivir. Sus investigaciones se basaban en las proyecciones demográficas que apuntan a que en 2050 la población mundial alcanzará los 8500-9000 millones de personas y a finales del siglo XXI nuestro planeta tendrá aproximadamente diez mil millones de habitantes humanos (otros científicos estiman que pueden llegar hasta 28.000 millones), una pesadilla para un mundo con recursos limitados.

Los hechos son simples: la población mundial crece y lo seguirá haciendo a pesar de que en algunos países del mundo desarrollado como España el crecimiento demográfico sea ligeramente negativo. Sin embargo, en otras zonas como África, India, China y sudeste asiático se producirá un boom demográfico a medida que en las próximas décadas centenares de millones de personas se incorporen desde las clases bajas a las clases medias (como se prevé ocurra y de hecho ya está sucediendo)

Los recursos naturales y la capacidad que la Naturaleza tiene para regenerar los año tras año, estación tras estación, tienen un límite y las consecuencias de explotarlos desmedidamente están cambiando de forma irreversible las condiciones de vida de nuestro planeta. Así, tras arduas investigaciones, el catedrático inglés escribió un documentado y demoledor ensayo que anticipaba el futuro de nuestro planeta a medio y largo plazo y alertaba sobre los peligros de la superpoblación y el desigual reparto de los recursos. Basado en este ensayo, publicado en más de veinte países, nació el documental 'Diez mil millones' (dirigido por Peter Webber en 2015) en el que se ofrece la charla en la que el propio Emmott expuso sus tesis y conclusiones en el Royal Court Theatre de Londres. 

El equipo de Webber estudió la situación actual y las proyecciones futuras -hasta el fin del siglo XXI- en temas capitales del estado del planeta como el clima global, la comida, el agua y la energía que van a demandar las civilizaciones humanas, la decreciente biodiversidad natural que vamos a seguir depredando y sobre ellos, el inquietante crecimiento de la demografía humana.


Según sus conclusiones La mayoría de los recursos energéticos, alimenticios, tecnólogicos etc que hacen posible el mantenimiento y crecimiento de las sociedades humanas son finitos y sin embargo hacemos uso -y abuso- de ellos sin pensar en que su utilización repercute de forma decisiva en el clima, en la cantidad de terreno cultivable o dedicado a la ganadería que robamos cada año a los ecosistemas naturales lo que, en definitiva, afectará cada vez más el marcapasos del planeta, que a este ritmo será incapaz de mantener los ciclos originales que posibilitaron el boom consumista. A este hecho, ya preocupante de por sí, hay que añadirle que además consumimos de forma diferente, a más y peor, A medida que las distintas sociedades pretenden -de forma legítima- un mayor bienestar exigen un mayor consumo de recursos alimenticios, principalmente proteína animal (carne, pescado y derivados), así como ingentes cantidades de agua y energía para su producción.


Para entender el problema deberíamos remontarnos a las revoluciones agrícola, ganadera e industrial que permitieron abaratar la comida a precios insospechados frente a otras etapas del desarrollo humano. Esto ha determinado que las personas inviertan su dinero en otros bienes (moda, tecnología, transportes, artículos de lujo…) que al mismo tiempo requieren de la explotación de mayores recursos naturales difícilmente retornables. Cuestión que amplía la necesidad de un mejor y mayor estado de bienestar (o más bien comodidad) que a medida que se consigue favorece el crecimiento poblacional, un bucle perverso que se retroalimenta y, mucho nos tememos, seguirá creciendo hasta el colapso final. Parece que el desarrollo y crecimiento humano, según el modelo capitalista-consumista en el que estamos, sólo puede hacerse a costa de unos ecosistemas que están llegando a su límite.

Si nos detenemos a analizar la situación, una de las cosas que más debería de alarmarnos es la falta de soluciones en el horizonte. Tengamos en cuenta que estas propuestas han de partir de la clase política, pero como bien apunta Emmott, todas las posibles soluciones pasarían por adoptar impopulares medidas de restricciones al consumo, por lo que resulta bastante evidente que los políticos no querrán abordar este problema a conciencia ni hablarán de las medidas que son necesarias. Parece que mientras la situación no se haga insostenible ante nuestros propios ojos, cuando se vean comprometidos los recursos que afectan nuestro nivel de vida etc, seguirá siendo buena la táctica del avestruz: si no se ve el problema no debe de existir. 

Sin ir más lejos, la falta de compromiso se puede ver en el fracaso de iniciativas globales con resultados reales y diferenciales en la aplicación de los acuerdos en la lucha contra el cambio climático, la desertificación, la pérdida de biodiversidad, etc, preocupaciones que siendo evidentes para una buena parte de la población y la comunidad científica, no están siendo contrarrestadas debidamente. ¿Qué podemos esperar de un asunto, el de la sobrepoblación, que ni siquiera es considerado dentro de los problemas que pueden afectar a nuestro planeta?

Este documental nos ofrece una cruda mirada al futuro próximo al que se encamina nuestra existencia en el planeta. Aún con algunos puntos discutibles o ampliables, es uno de los mejores y más completos que se han hecho sobre uno de los dilemas más urgentes e importantes que la humanidad ha afrontado en toda su historia. Estamos en rumbo de colapso, o como dice el propio Stephen Emmott al final de su clase magistral: Estamos jodidos. Duro, pero alguien tenía que decirlo. Un documental imprescindible para entender que el problema somos nosotros.