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9 de abril de 2014

Estupor y Temblores (33) Ruanda, ayer y hoy del genocidio



"Nos dábamos prisa porque se estaba acabando la temporada de matanzas. Prometía ahorrarnos el trabajo de una cosecha pero no el de dos. Sabíamos que en la siguiente temporada tendríamos que volver a empuñar los machetes para trabajos más tradicionales" Alphonse Hitiyarembe, en "Temporada de machetes"

El 6 de abril de 1994 el avión del presidente ruandés Juvénal Habyarimana (y el presidente de Burundi, también hutu) era derribado por un misil cuando se acercaba al aeropuerto de Kigali. Este magnicidio provocó que los extremistas hutus se hicieran con el control del país y comenzaran la represión sobre la minoría tutsi y los hutus moderados, cien días desplazamientos masivos de la población a los países vecinos, de violaciones, de matanzas sistemáticas, atávicas, brutales, muchas llevadas a cabo de forma artesanal, a puro machete -el arma que todo el mundo tenía- mutilando y segando la vida de centenares de miles de personas, vecinos y familiares. Y todo esto ante la inacción del mundo en general, la ONU en particular. En este sentido recomendamos la lectura del libro "Temporada de machetes", de Jean Hatzfeld, que recoge los estremecedores testimonios de los propios asesinos desde la cárcel de Rilima, cerca de Nyamata, el epicentro del genocidio tutsi.


Tras la guerra civil y el triunfo final del FPR (Frente Patriótico Ruandés) tutsi se impuso el discurso del vencedor y se instaló un régimen represor que sin embargo, ha hecho prosperar económicamente al país en la última década, ha forzado la reconciliación e incrementado la seguridad pero todavía vive quebrada por el recuerdo de aquellas masacres. 

El documental argentino "Ruanda, cien días que no conmovieron al mundo" nos traslada a aquellos cien días de locura homicida, a sus causas -que se hunden en el colonialismo belga que fomentó la división étnica- y sus consecuencias y el reportaje "El diablo anduvo suelto", de 'En Portada' busca, veinte años después, en los testimonios de víctimas y verdugos para comprobar si los ruandeses han superado o no una quiebra ética y moral tan destructora, si es verdad que en sus corazones ya no se sienten hutus o tutsis sino sólo ruandeses. 


En Portada - "El diablo anduvo suelto"

José Antonio Guardiola (Director de En Portada) 01.04.2014

En el memorial de Nyamata hoy se encuentran los restos de cerca de 45.000 víctimas, la mayoría de ellas tutsis


La última vez que estuve en Ruanda, aún se podía ver algún cadáver en los arcenes de las carreteras. Hoy, las aceras de Kigali lucen un césped impecable cuidado con esmero por brigadas de jardineros. Ésa es la Ruanda que se ve, la que crece a un ritmo desaforado; la que reduce poco a poco la desigualdad; la que te permite pasear seguro por cualquier rincón y a cualquier hora; la que te da cobertura 3G en cada una de sus mil colinas; la que se presenta como la Suiza del continente.

Un país quebrado por el recuerdo

Pero hay otra Ruanda que no se ve y a la que cuesta muchísimo acceder. Un país quebrado por el recuerdo del genocidio más brutal de los últimos decenios; un país gobernado por unos vencedores que han impuesto su relato oficial; un país en el que se confina en prisión a todo aquel que cuestiona esa versión de los hechos; o peor aún, en el que desaparecen o mueren los que renuncian a pertenecer al club selecto del poder.

José A. Guardiola charla con Valérie Bemeriki, locutora de la Radio Mil Colinas, en su celda de la prisión de Nyarugenge. De sus labios salieron mensajes que provocaron la asesinato de miles de personas

Preguntas y respuestas 20 años después

Creo que no es bueno recordar la brutalidad que sacudió Ruanda hace 20 años sin preguntarse al menos dos cosas ¿Podría repetirse? ¿Alguien se ha beneficiado de tanto horror? Hoy por hoy en Ruanda es difícil. El genocidio fue un terremoto moral para víctimas y verdugos y el régimen de Kagame ha tejido una densa malla para impedirlo. Pero, desgraciadamente, algo parecido sí se podría repetir en otros rincones de África. Y lo peor es que en estos 20 años, la llamada Comunidad Internacional no ha creado los mecanismos para evitar otro fracaso tan desolador como el de Ruanda.

¿Alguien se ha beneficiado? Sí. Maticemos, el país entero se ha beneficiado porque el progreso económico ha esparcido porciones de bienestar. Pero también hay una élite, compuesta en su mayoría por tutsis y también algunos hutus que han sabido instrumentalizar la tragedia y diseñar algo muy parecido a un régimen.

Preguntar a un ruandés si es hutu o tutsi está muy mal visto. Y cuando responden, la contestación siempre es la misma: Soy ruandés. Ésa es también parte de la versión oficial. Se acabaron las fracturas étnicas… Pero uno tiene siempre la sensación de que en su interior cada ruandés se siente –porque lo ha mamado o lo ha sufrido- hutu o tutsi. Preguntar a un ruandés si es hutu o tutsi está muy mal visto. Y cuando responden, la contestación siempre es la misma: Soy ruandés.