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30 de agosto de 2013

La condena del refugiado (2) Ser refugiado en Myanmar y R.D. Congo


El pasado 20 de junio se celebraba el Día Mundial del Refugiado y en La2 La Noche Temática y bajo el título "La condena del refugiado" programaba dos documentales que retratan algunas de las terribles realidades que han de afrontar los más de cuarenta millones de personas que en el mundo de hoy se ven obligadas a malvivir porque las guerras o persecuciones que sufren sus propios países le han forzado a abandonar los lugares donde vivían. Aprovechamos el título del programa para inaugurar una nueva etiqueta homónima que a partir de ahora figurará en las entradas que sobre la desdichada vida de los exiliados forzosos por todo el mundo iremos publicando.


El primero, "No hay lugar donde esconderse" (No place to hide-Kongo: Gefährliche Helfer, 2013) es un documental alemán localizado en la República Democrática del Congo, donde veinte mil cascos azules de la  ONU protegen a los civiles que han tenido que huir por los combates entre las tropas del Gobierno y las tropas rebeldes a quienes combaten. Ellos deberían protegerlos de los ataques y los abusos sexuales de ambos bandos en lucha pero algunos de estos cascos azules se han convertido en los autores de infames abusos de poder que aprovechan la indefensión y la extrema pobreza de niñas y mujeres. 

El segundo se llama "Los desplazados de Myanmar" (Burma displaced, 2010) es un documental austríaco que muestra cómo en Myanmar, tras décadas de dictadura militar, se ha desarrollado una situación de violencia que se extiende por todo el país pues la junta militar oprime a las minorías étnicas. El pueblo birmano se ve obligado a desplazarse y malvivir como trabajadores ilegales en los países vecinos. Algunos han conseguido escapar y rehacer su vida al otro lado de la frontera, en tierras tailandesas. Otros sin embargo han huido a Bangladesh para llevar una vida más mísera incluso que la de los propios bangladeshíes (donde más del 50% de la población vive por debajo del umbral de pobreza) y donde malviven como trabajadores ilegales, rebuscando en las basuras o en campamentos de refugiados. En fin, con todo ello les dejamos. 


La Noche Temática. "La condena del refugiado"


Cada minuto, ocho personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror. Más de 40 millones de personas en todo el mundo, refugiados y desplazados forzosos, han tenido que elegir entre arriesgar la vida o exponerse a cualquier tipo de ataque en la huida. Con motivo de la celebración del Día Mundial del Refugiado, La Noche Temática nos aproxima a la situación de algunos de ellos: las mujeres que huyen de décadas de enfrentamientos en la República Demócratica del Congo y los desplazados birmanos.

No hay lugar donde esconderse

“Nos llevaron hasta una pequeña casa. Allí nos rasgaron la ropa y nos violaron a mi amiga y a mí. Yo tenía sólo 17 años y todavía era virgen”. Son las palabras de Joari, una de las protagonistas del documental con el que arrancamos La Noche Temática dedicada a los refugiados. Ella y su amiga fueron presuntamente violadas por el personal de paz de Naciones Unidas, por las personas que estaban allí precisamente para protegerlas.

En la República Democrática del Congo los grupos rebeldes llevan décadas enfrentándose al ejército oficial en una sangrienta lucha por el poder y las materias primas. 20.000 cascos azules de la ONU, miembros de la mayor misión de pacificación del mundo, están aquí para proteger a los civiles pero algunos de ellos se han convertido en los abusadores, que se aprovechan de la indefensión y de la extrema pobreza de niñas y mujeres.

Durante sus misiones, el personal de paz de la ONU goza de inmunidad, algo que les permite no ser acusados legalmente en el país en el que estén destinados. El único modo de llevarlos ante la justicia es acusándole en su país de origen pero ninguna de las víctimas ha llegado a considerar esta opción.

En este documental víctimas de los cascos azules hablan por primera vez sobre los abusos que sufrieron. En Naciones Unidas intentan combatir estos incidentes. Los jefes en Nueva York conocen el problema desde hace tiempo y entrenan a su personal en una política de tolerancia cero ante el abuso y la explotación sexual. Según la versión oficial, el número de asaltos se ha reducido drásticamente. Sin embargo, desde dentro de Naciones Unidas cuentan que las medidas que se han tomado no son totalmente efectivas.



“Los desplazados de Myanmar”

En septiembre de 2007 los monjes budistas tomaron las calles de Rangún e iniciaron la llamada “Revolución Azafrán”. Junto a ellos, miles de personas se manifiestaron en contra del régimen birmano pero la junta miliar contraatacó, cortando de raíz toda esperanza de cambio y tiñendo las calles de sangre. Las minorías lo tienen muy difícil en Myanmar, la antigua Birmania. Su única esperanza es huir y malvivir como trabajadores ilegales en los países vecinos, en campos de refugiados en Bangladesh, o como atracción turística en Tailandia. Bangladesh es uno de los países más densamente poblados de la Tierra. El 50% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. ¿Puede haber gente que venga voluntariamente a vivir aquí? ¿Gente que huya a este país? Para los birmanos su única esperanza es huir al otro lado del río, a uno de los países más pobres del mundo.

En Myanmar, tras décadas de dictadura militar, se ha desarrollado una especie de podredumbre que se extiende por todo el país. La junta militar oprime a las minorías étnicas. El pueblo birmano se ve obligado a desplazarse. Algunos han conseguido escapar y rehacer su vida al otro lado de la frontera, en tierras tailandesas. Pero ¿a qué precio? Los turistas vienen hasta aquí para ver a las mujeres jirafa. Ellas se sienten como en un zoo, pero reconocen que su única fuente de ingresos es el turismo.