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10 de abril de 2013

Nunca olvido una cara pero con usted haré una excepción (6) Hasta nunca, Margaret Thatcher

Hacía tiempo que no tocábamos nuestra etiqueta "Nunca olvido una cara pero con usted haré una excepción" pero la muerte de Margaret Thatcher nos parece una buena ocasión para volver a ella. Referente ideológico de adalides del neoliberalismo como George W. Bush, Jose Mª Aznar o Esperanza Aguirre, la ex-premier británica junto a Ronald Reagan al otro lado del Atlántico desbocaron de codicia el capitalismo para convertirlo en el sistema despiadado, insolidario y esclavizador de sociedades, devorador de almas corruptibles, recursos naturales y estados del bienestar que tres décadas después está mostrando sus infinitas vergüenzas. Un dato esclarecedor de los efectos sobre la sociedad británica de los once años de su mandato: cuando Thatcher llegó al poder en 1979 había un 9% de población en la pobreza, cuando lo abandonó en 1990 la cifra escalaba hasta el 24%.

En su propio país se suceden las celebraciones por su muerte y de hecho, nuestro admirado y simpar Stephen Patrick Morrissey, martillo de la vieja y reaccionaria Gran Bretaña, ha enviado una carta a la publicación estadounidense The Daily Beast en la que ha manifestado su opinión sobre la exprimer ministra británica, calificándola como “un terror sin un átomo de humanidad”. El artista británico ya le había dedicado en su album "Viva Hate" la explícita -y sin embargo bella- canción "Margaret on the guillotine" en la que, además de otras lindezas, le preguntaba a la ponzoñosa Dama de Hierro cuándo se moriría. Pues mira Mozzer, todo llega y ahora podrás bailar (y escupir) sobre su tumba. 

Esta es la carta íntegra y traducida de Morrissey, publicada por el referido sitio web estadounidense. Después el gélido recuerdo de Iñaki Gabilondo sobre este personaje nefasto para la historia mundial que lo más positivo que hizo en su vida fue morirse. 
Thatcher es recordada como “la Dama de Hierro” sólo porque era poseedora de características completamente negativas, como su persistente terquedad y un rechazo determinado a escuchar a los demás. Cada movimiento que hacía estaba cargado de negatividad; ella destruyó la industria manufacturera británica, odiaba a los mineros, odiaba las artes, odiaba a los luchadores irlandeses por la libertad y los dejó morir, odiaba a los ingleses pobres y no hizo absolutamente nada por ayudarlos.
Odiaba a Greenpeace y a los ambientalistas, ella fue el único líder político de Europa que se opuso a la prohibición del comercio de marfil, no tenía ni sensatez ni amabilidad y hasta su propio gabinete la echó a patadas. Dio la orden de explotar “El Belgrano” (un buque argentino) aunque estaba afuera de la Zona de Exclusión de las Malvinas, ¡y estaba navegando alejándose de las islas! Cuando los muchachos argentinos que iban a bordo de “El Belgrano” habían sufrido las más terrible e injusta muerte, Thatcher daba una seña con sus pulgares arriba para le prensa británica.
¿De Hierro? No. ¿Barbárica? Sí. Odiaba a las feministas aunque fue principalmente gracias a la progresión del movimiento feminista que la gente británica se permitió aceptar que el primer ministro fuera en realidad una mujer. Pero por culpa de Thatcher nunca habrá otra mujer en el poder en la política británica y, más que abrir esa puerta en particular para otras mujeres, la cerró. Thatcher sólo será recordada con cariño por los sentimentalistas que no sufrieron su liderazgo, pero la mayoría de la clase trabajadora británica incluso ya la había olividado, y la gente en Argentina estará celebrando su muerte.  
Es un hecho conocido que Thatcher era un terror sin un átomo de humanidad.